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18.3.08

CITA

-¿Y tus padres?
-¿Qué hay con ellos?
-Nunca hablas de ellos.
-No hay mucho que decir, ya casi no nos vemos, no importa.
-Pero te afecta.
-Ya no.
-¿Estás molesta?
-No, no importa, no me gusta, no quiero hablar de eso.
-¿De qué quieres hablar?
-No sé, ¿de qué debería hablar?
-De lo que quieras
-Dame una idea
-Puedes empezar por decir lo que piensas de alguna cosa que veas aquí.
-Jaja, bueno... me gusta el reloj de la pared, pero no es fácil de leer, y está atrasado tres minutos, también me gustan las piezas grandes del ajedrez que tienes en aquel rincón... mmm, esta silla es muy incómoda y me incomoda aún más que estés sentado allí, deberías poner alguna barrera entre los dos...
-¿Por qué?
-Pues porque estás muy cerca y no hay jerarquía, un orden... no deberías estar tan cerca
-Me gusta así.
-A mí no.
-¿Porqué?
-Ya te dije.


(silencio)


-¿Quieres que te haga otras preguntas?
-Me gustaría más que dejaras de hacerlas...
-Aún nos quedan cuarenta minutos
-¿Podemos pasarlos en silencio?
-Podemos hacer lo que tú quieras
-Lo dudo
-¿Qué quieres hacer?
-Tener amigos
-¿No los tienes?
-No lo sé
-¿Cómo es que no sabes?
-Otra vez el interrogatorio...


-Si tanto odias esto ¿Por qué vuelves?
-Me toca
-Si a mí me tocara, me idearía algo que hacer con este tiempo muerto.
-Que bueno, pero no me has dado ninguna idea...


-¿Ajedrez?
-No gracias... pensé que propondrías sexo.


Siempre los jueves, la primera cita del día, hasta las diez.

6.3.08

DISCOS

-¿Y esas maletas? ¿Por qué te vas? no entiendo -Él la sigue con la mirada mientras ella cierra una maleta y se acerca al armario de la sala, no responde y en cambio sigue recogiendo.

-Me debes una explicación, ¡mírame que te estoy hablando! ¿Con qué derecho te llevas mis discos?!

Ella voltea, lo mira cansada, respira profundo y...

-Mira Pipe, esto se acabó hace meses, mejor dicho es que esto nunca empezó ¿me oís?, y para un monólogo no hacen falta dos actores ¿sí ves?, tus discos no me los llevo, te los estoy empacando, porque eres tú quien se va, ni más faltaba... pero no me mires con esa cara, alegrate pues... con esto tendrás para escribir unas cuantas historias que te sirvan de carnada para la próxima tonta -se levanta, le pone una maleta en una mano y patea la caja de los discos hasta sus pies- Ya llamé a Mauricio, allá podés dormir mientras consigues otro lugar -le acaricia una mejilla y le da un beso en la boca...- Vos me dijiste que no te gustaban los finales felices y yo te dije que a mí no me gustaban los malparidos, date pues por bien servido y para la próxima un consejo: no eres el único con cerebro sobre la faz del planeta, de vez en cuando cierra la boca y escucha, si lo hubieras hecho sabrías por lo menos desde hace dos meses que hace más de tres no entras en mis planes -el abre la boca como si fuera a decir algo- no me digás nada, ¿ya?, vos perdiste hace rato el derecho a decirme nada... llamé el taxi apenas te vi entrar, ya te debe estar esperando en la puerta... Ahh y dile a tu mamá que este domingo no almorzaré con ustedes, si te pregunta le decís que es porque te eché, y que te eché porque eres un cerdo misógino, dejala que lo busque en el diccionario.

Le abre la puerta pero él apenas sabe que hacer, no reacciona, el taxi pita y Felipe torpemente arrastra la maleta, el conductor le ayuda con la caja, adentro van en orden alfabético casi tres décadas de música. Habían tenido una fuerte discusión esa semana, él venía a solucionarlo todo con un paquete envuelto en papel de colores, ella extrañará los discos.

7.11.07

THEN COMES...



3.9.07

VIA AL MAR

ANTONIO
(Según Cali)

Antonio aprendió a darse coñazos en el patio de la escuela durante los recreos y después de clases, Múnera y Castro eran los más peliones y los primeros en arremangarse las camisas para darse duro y parejo hasta que alguien saliera con un ojo morado o una nariz sangrante, nunca antes. Los cogían las tres de la tarde en el parque Santander con la cabeza llena de tierra y grama, luego, cada cual recogía sus libros, se peinaba con las manos, se componía la camisa, se limpiaba los mocos y se iban para la casa. A Antonio le tocaba caminar hasta la casa en la calle San José, era el último de doce hermanos y a eso de las cuatro se iba al estudio a ayudar con los químicos, las entregas o la limpieza, lo que hiciera falta, pero sólo, en la trastienda, peleaba contra el aire tirando puños a su propia sombra y soñando con montarse en un cuadrilátero para moler a golpes a algún pendejo, el mundo era un lugar mucho más pequeño en esos días y el boxeo gozaba de popularidad aunque no de prestigio.

Al salir de la escuela lo mandaron a la Barceloneta a estudiar derecho, allá conoció a Escobar y por Escobar a Cassiani, al salir de la universidad se sacaban las corbatas -que eran una verdadera tortura china en ese calor de mierda- y se iban hasta el otro lado del centro, a un gimnasio de tres pelos... Cassiani despareció con los años, y Antonio después, no sé en que momento conoció a Alicia, bueno, ahí volvió a leyes, decretos, corbatas y juzgados, que sé yo, acabaron las peleas para él y se separó de esa vida de costillas rotas, tabiques partidos y victorias fugaces.